Gracias don Miguel
març 13, 2010 by Francina Sánchez Chardi · 3 Comments
Hoy leía en El País que Señora de rojo sobre fondo gris es una de las obras menos conocidas de Miguel Delibes. Es curioso porque para mí, en cambio, es el primer (y vivo) recuerdo que tengo de la escritura del autor. Esta novelita me impresionó tanto que todavía me viene a la memoria el modo exacto en que la seleccioné. En aquella época solía escoger los libros por el título, es decir, si lo encontraba ocurrente empezaba a leer la historia. Siempre seguía el mismo ritual: me dirigía al cuarto de mi hermano mayor, donde buscaba mi nueva lectura entre una colorida -y económica- colección de bolsillo que este tenía (¡y tiene!). Aunque en gran parte, el ahora ya confesable secreto que me empujaba a la lectura de las obras era el hecho de que mi hermano guardaba los libros en la estantería más alta de su habitación y claro, genial excusa era esta para poder subirme a la cama y de paso pegar algún que otro bote cada vez que me llevaba un vivaz volumen a mi habitación. Saltar encima del colchón es quizá el tic infantil más reprochado por los adultos y que tanto nos gusta aunque hayamos abandonado la infancia hace ya algún tiempo. Pero -maravillas de la vida- un defecto hizo en mí efecto e inventé, sin saberlo, un efectivo método de lectura.
De aquellos tiempos recuerdo títulos -creo- muy ocurrentes y llamativos para una (quizás impresionable) adolescente: Primavera con una esquina rota de Mario Benedetti, De parte de la princesa muerta de Kenize Mourad, Crónica del rey pasmado de Gonzalo Torrente Ballester, Música para camaleones de Truman Capote y, por supuesto, Señora de rojo sobre fondo gris de Miguel Delibes. Siempre he tenido debilidad por las grandes historias de amor y aunque soy consciente de que debemos separar realidad y ficción a menudo me cuesta porque la vida es mucha más llevadera con grandes dosis de literatura. Para mí la Barceloneta no es sólo la sucia y criticada playa por la mayoría de barceloneses sino el lugar donde Don Quijote se batió en duelo contra el caballero de la Media Luna y se cercioró de que no había sitio en el mundo para caballeros andantes; este recuerdo ficticio ayuda a embellecer mi realidad cotidiana (Cuelo un deseo personal en estas líneas: aspiro, algún día, a embellecer las calles de la capital del mundo gracias al imaginario heredado de la mano de Paul Auster).
Y alguien que haya entrado en este blog con la intención de saber un poco más sobre la belleza de la obra de Delibes se llevará una gran decepción al no encontrar una larga nota de datos bibliográficos y/o biográficos del malogrado escritor vallisoletano. A esos desolados internautas les pediría que me perdonaran aunque no sin antes advertirles que en estas fantasías infantiles se halla la grandeza de Delibes, ya que “el cazador que escribía” me ayudó a construir mi pequeño universo literario, él puso su porción de polvo de estrellas para que yo me interesara por los libros, con sus letras, sus palabras y sus frases. La magia de los grandes autores es hacernos partícipes de su mundo. Un mundo único, irrepetible y necesario. Gracias don Miguel.
Como decía ayer un titular de periódico “ha muerto el último clásico”. Francina, gran artículo. Yo ya descubrí a Delibes hace años (Cinco horas con Mario) pero no me extrañaría que algún lector joven gracias a tu pieza literaria se animara a leerlo. Quizá en lugar de “leer en El País” te deberían “leer en El País”. Sr. Polanco, una propuesta para Francina ¡ya! Ha sido especialmente emotivo, de verdad.
Joan:
Me sobrevaloras pero, a la vez no puedo evitar sentirme emocionada al saber que te ha gustado. Gracias por invertir parte de tu tiempo leyéndolo.
Francina
“lAS LETRAS ESPAÑOLAS PIERDEN UN GRAN REFERENTE” Este era uno de tantos titulares. Una lástima. Yo me leí “El Camino” y “La Guerra de Papá”. Reflejaban muy acertadamente como era la realidad de la época en que se enmarcaba cada una.
Gran articulo.